Angelal

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El amor es una estación de preguntas y la luna lámpara de sombras sobre el cielo.

En mi voz de mujer




miércoles, 15 de abril de 2015

LO VIVIDO - Dedicado a mis hermanos.



LO VIVIDO
Llevamos en la memoria lo vivido. Todo se repite en ti y en mí. Somos 13 hijos y una sola energía.

Esa casa grande bajo el cielo gris, situada sobre la esquina que hay junto a la calle que va al parque de Belén de ventanas sobrias y blancas mira mi juventud con profundo silencio. La casa un cuento de hadas y así quiero que viva por siempre en mis recuerdos.

Me he remontado en mis pensamientos a ese tiempo luminoso, sí, porque yo me sentaba en el suelo, al lado izquierdo, recostada sobre el pecho de mi padre con su brazo en torno a mi cuello. Mi hermana también buscaba otro rincón de su cuerpo para acomodarse.

Valía la pena estar tumbada y entrelazada, mirar hacia arriba, esperando que empezarán a descolgarse las letras del libro que él sostenía con dulzura entre una de sus manos. He pensado en mi vida de niña donde el amor era la respuesta esperada.

Era mi mundo. Jugábamos con las letras del alfabeto, mi padre era el alfarero que las amasaba y una algarabía de sonidos brotaba de su boca. Ha pasado el tiempo y todavía me parece sentir su aliento. Entonces veía la O más planetaria, más juguetona, venía en un ovillo, ese que teje primicias, al igual que primaveras. Entonces invitaba la E de encuentro, de exclamación. La U era el columpio del universo libre y ágil, mientras el viento tejía su canto.

La otra vez me puse furiosa porque suspendió la lectura para regañar a mi hermano justo cuando leía algo sobre las constelaciones, que eran un cristal brillante con eje, centro y núcleo. En fin, yo me limitaba a encogerme de hombros y a esperar. Que ansiosa me sentía en ese instante.

Sí, porque los libros son el mundo mío. Cierro los ojos, veo a mi padre en vibraciones de colores entregándome los signos del lenguaje para que no pierda la brújula y el impulso de volar.

Ángela Penagos Londoño