Angelal

Angelal
El amor es una estación de preguntas y la luna lámpara de sombras sobre el cielo.

En mi voz de mujer




lunes, 3 de febrero de 2020

LENTO VUELO- Poema de Ángela Penagos




Lento vuelo

Los pájaros viajan
serenos por los ojos que miran
el cortinaje del cielo.

Menos mal están ahí...
hacedores briosos
dibujan jeroglíficos
a la hora de los minaretes
en el poniente
colmados de esperas.

Llevan en su vuelo
madejas de cantos extranjeros
semillas de la tierra
y un solsticio de invierno
en las hojas del sol.

martes, 21 de enero de 2020

Flores para un desierto- poema




Flores para un desierto

Hablar de cosas íntimas
con los cangrejos
que van hacia adelante y atrás
mientras invento la vida
en la codicia del amor.

En el desierto se confunden
las pequeñas arenas
y hasta los cactus
ofrecen sombras detenidas
en el cobijo del silencio
y en el oasis marcado
por un fondo sin torrente.

La flor, es una inmigrante
que persiste en tierra seca
bajo la fuga de los vientos,
solo para el placer de los dioses
que hacen por ella
poca cosa.

Su florescencia
-canción de resistencia-
es el beso del tiempo
en sus raíces.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Susurros para la evolución - navidad



SUSURROS PARA LA EVOLUCIÓN

La noche se ha cerrado. La ciudad agotada y adolorida por la desigualdad y la miseria, donde las oportunidades son una historia
que recuerda una época donde el mundo de las posibilidades alimentan la mente de los habitantes de la tierra. Una ciudad donde
el hambre y la tristeza se conjugan en la profunda decepción de una vida sin sentido. La ciudad donde deambulan los seres humanos
como zombies acabando con todo lo que dignifica la vida humana.

Desplazados por los hombres que se declaraban las guerras, que imponían impuestos a los que no tenían con que pagarlos, que
confiscaban fortunas para concentrar la riqueza, que ordenaban arrestos y pretendían censurar todo aquello que no acataba las normas
de los poderosos y viéndose ya sin abrigo, María y José salieron de la inospitalaria ciudad y se refugiaron en una gruta que se en-
contraba al pie de la colina que miraba al cielo, un cielo lleno de estrellas y de luceros, que en la estela de sus movimientos
escribía con el polvo de las estrellas la ciudad del futuro, esa era la ciudad que estaban esperando todos aquellos que con fe seguían
creyendo en el poder de la raza humana.

Seguían a María y José, la mula que le había servido de humilde cabalgadura durante el viaje y en aquella cueva hallaron un manso buey
dejado allí probablemente por alguno de los caminantes que se habían ido a buscar hospedaje en la ciudad que no reconoció a los
mensajeros del cambio.

Este recinto natural iluminado por la luz del firmamento no habla de ese lugar donde no hay quien se queje de la pobreza, que habría
sido insufrible, ni de la riqueza que habría sido la forma más incomoda de la vulgaridad. La luz que José tiene en la mano ilumina
tenuemente ese pobrísimo recinto, ese pesebre lleno de paja que es figura progfética de las maravillas del mundo que está por llegar,
donde hombres y mujeres en la íntima y prodigiosa unión con Dios son conscientes de su compromiso con la historia que los escogió para
ser los artífices de un mundo diferente.

Pero ha llegado la medianoche, y de repente vemos dentro de ese pesebre, poco antes vacío, al divino Niño esperado, vaticinado, deseado
durante cuatro mil años con inefable anhelo como la encarnación de la esperanza y del sueño colectivo de una humanidad que necesita
vivir en paz.

A sus pies se postra su Santísima Madre, que no cabe de la dicha al sentirse elegida, bendita entre todas las mujeres, para ser la pre-
cursora de la nueva mujer, que no se deja esclavizar, que se valora y se proyecta como diferene+te, porque se reconoce como la protagonista
de un nuevo mundo que reclama una presencia femenina actuante, transformadora y líder de los procesos de cambio social, político y
económico.

José también se acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre, que ejemplifica al hombre
que no esclaviza, que no somete, que no destruye. El hombre nuevo que convoca y trabaja colaborativamente, sin distingo de edades, ni
de razas, ni de credos en la creación de una comunidad que habla un lenguaje distinto, que abandonó para siempre la narrativa de la
desconfianza, el miedo y el odio y que crea desde la solidaridad, la aceptación del otro, como un ser humano diferente.

La multitud de ángeles que desciende de los cielos a contemplar esa maravilla sin par, dejan estallar su alegría y hacen vibrar en los
aires las armonías de esa Gloria in Excelsis, que es el eco de la adoración que se produce en torno del Altísimo, hecha perceptible solo
en los susurros por un instante entregados a los oídos del planeta tierra.

Convocados por éllos, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido para presentarle su compromiso de cambio como
preparación para la nueva era. Ya brilla en el oriente la misteriosa estrella de Jacob y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana
espléndida de los reyes magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño, el amor, la confianza y la fe en
el mundo que ya aparece en el horizonte.

Se escuchan los susurros de hombres y mujeres transformados: el futuro ya comenzó. Feliz navidad

Ángela Penagos Londoño.


sábado, 26 de octubre de 2019

Campana oculta - poema




Campana oculta

De Eloisa a Abelardo

Deja hablar a mis lágrimas

Invoco el derecho a la gracia
de mi cuerpo
en la liturgia del hábito
prendido en el amor
elevado al incienso.

La soledad es un claustro
de campana oculta

me rebelo ante el cielo,
lavo mi angustia
en el pórtico
de una sola sombra.

No descansaré
hasta que me recibas
en el salmo naciente
y en la devoción
de tu pecho.

Regresaré
serena en la fe
de la auora
como una flor desnuda
en el dolor.

Ángela Penagos Londoño

Domingo - poema








Domingo

Llega ahora
en el dulce llamar
de un lenguaje nuevo.

Acércate
este domingo
a la fuerza de mi vientre
donde te padezco
y te contengo.

Quiero rastrearte
a la hora del jaguar
en el reino de tu incendio.

Y arrinconarte
a mi enardecida
jungla
como centellear
del corazón en el exilio.

Oasis del beduino ´poema



Oasis del beduino

Pálpame amor
en el laúd de la arena
en la naturaleza despierta
y en el brio del goce.

En obligada lentitud
dibuja cardúmenes
muy cerca del centro.

Enséñame a ser hija del viento
oasis del simún
cobra y sabia mujer
tienda en la noche del desierto.

Y dómame
de sándalos más allá
del espejismo.

Ángela Penagos Londoño

En el ámbar




En el ámbar

Lince mío
me tomas por asalto
en el puente levadizo
de los cuerpos.

Desciendo abnegada
y natural
como hoja de laurel
en el patio
y te conjugo
en mi tiempo.

El ojo del ámbar
es un halo de relámpagos
en la dulzura
del sosiego.

Ángela Penagos Londoño