Angelal

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El amor es una estación de preguntas y la luna lámpara de sombras sobre el cielo.

En mi voz de mujer




sábado, 10 de junio de 2017

Filosofo del viento- a mi padre Luis Arturo Penagos






Cientos de palabras que había recortado de periódicos y revistas las insertaba en una bolsa para mezclarlas y luego lanzarlas al aire.

Al caer los pequeños papeles al piso del patio de la casa, los 13 hijos de Luis Arturo Penagos se tiraban al suelo para recoger las que
mas pudieran y así jugar a formar frases a contra tiempo. Desde ese momento la poesía preguntaba por Ángela a través de juegos, conversaciones y lecturas con su padre. "Lo llamo el filósofo del viento", dice ella, refiriéndose a Luis Arturo. Con esas mismas palabras titulo un poema que escribió en su memoria muchos años después de haber disfrutado esos juegos en su infancia en Belén.

Ahora Ángela vive en el barrio Manila, es madre de dos hombres, abuela de cuatro niñas, pero, sobre todo, Ángela Penagos Londoño es poeta.

A los juegos de palabras infantiles se sumaron cuentos, tertulias de literatura con los vecinos y obras de teatro en la juventud. Las creaba de principio a fin con algunos de sus hermanos, y aquellos que no participaban le servían de público.

Ángela Penagos

Un bolero en la noche-poema de Ángela Penagos Londoño



UN BOLERO EN LA NOCHE

Amamos la noche
que se alza
en la sensualidad
del fuego.

Fluimos en la danza
hacedores de olas
en el ritmo oscuro
de la lluvia.

La forma de la uva
se desgrana
en el agite de la boca
y dejamos en el beso
la semilla.

La luz en el cielo
de los ojos
atarraya la orquesta
y nos fundimos
en el follaje de los cuerpos.

Un bolero Caribe
nos embriaga
tiritantes
sedientos.

Un solo espacio
uno solo

en mi canción.

Ángela Penagos Londoño

Un bolero en la noche - poema Ángela Penagos

lunes, 5 de junio de 2017

Carta a una nieta


Junio 4, 2017

Querida Alicia,

Cuando yo, tu Tita, era pequeña como tu, vivía donde tu vives, en Bogotá y mi abuelita Ángela vivía en Medellín.

Ella me enviaba carticas como ésta que estas recibiendo. Mi corazón latía muy fuerte cuando tocaban la puerta de la casa y era el cartero.
Tenía uniforme azul, cachucha y un maletín donde le cabían montones de cartas que viajaban en avión por las nubes más altas.

Cuando la tenía en mis manos, rasgaba el sobre y sacaba con cuidado esa hoja blanca que venía escrita con su propia mano y me pintaba dibujitos como este sol y esta flor.

Mi abuelita era una mujer sencilla y adorada, tenía ojos castaños y dedos nudosos. Su pelo era blanco como los copos de algodón.

Mis papitos me pusieron su nombre, Angela, como el de ella para recordarla siempre. Me ha hecho mucha falta porque me gustaba recibir sus cartas.

Alicia, recuerdo cuando jugamos a la tienda y a la peluqueria que hiciste para ponerme bonita para que yo pudiera asistir a la fiesta de la vida.

Quiero que seas mi huesped y llenes el vacio que se siente en algunos días en que quiero tenerte cerca y tu no estas.

Recuerda siempre lo mucho que te quiero.

TITA